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El diablo disfrazado de cordero

April 25, 2019

¿Qué acto tan atroz debió de cometer alguien como para que sus propios familiares lo traten de matar?, ¿es posible que haya algo que pueda romper el amor materno a tal punto que cause que una madre trate de quemar a su hija con ácido y después intente enterrarla viva?, ¿cómo se justifica encontrar a niños de 2 años con quemaduras por todo su cuerpo? Actualmente, Nigeria está siendo testigo de un infanticidio y de una violación a los derechos de los niños inimaginable. Si bien la comunidad internacional siempre se ha sorprendido de los actos tan atroces que algunos individuos son capaces de cometer –como lo es la situación que vive África con los grupos armados y facciones de Boko Haram–, resulta muy difícil asimilar el hecho de que en pleno siglo XXI, las tasas de muertes infantiles aumenten en Nigeria, no sólo por la presencia de grupos terroristas y por la malnutrición que presenta esta región, sino también por una concepción tan arcaica –y absurda– como lo es el de la brujería.

 

A pesar de que la mayor parte de la población nigeriana es musulmana, existe un 35% (CIA, 2019)–concentrada en el sur del país– que son cristianos. Y aunque los pleitos entre estas dos comunidades son bastante violentos y dejan bastantes víctimas, una parte de la comunidad cristiana nigeriana está feliz mandando a la muerte –o por lo menos, a la proximidad de esta­– a cientos de niños mediante la estigmatización de estos como brujos. Algunos de los llamados “profetas” del movimiento pentecostés cristiano, ven todo esto como una oportunidad de ganar dinero a costa de las vidas de los más indefensos. Según estos profetas –que de profetas no tienen nada–, el Espíritu Santo es el que les manda las fuerzas para hacer Su trabajo, para “salvar a los niños” (Ellison, 2018). Y es de esta retórica, que se otorgan a sí mismos la potestad de determinar si alguien es brujo o no. Para determinar esto, los profetas tienen unos criterios muy “minuciosos”: casi siempre se considera que el niño es en efecto brujo si su familia está pasando por algún tipo de problema económico o de salud –como si Nigeria no contara con 99,2 millones de pobres de los 190,9 millones que alberga– (Hierro, 2018).

 

Tomemos a una de las profetas más reconocidas como ejemplo: Helen Ukpabio de “Liberty Church”, quien crea una película llamada “End of the Wicked” (Fin de los Malvados), donde no sólo empieza diciendo que es una serie “expositiva”, sino que también aparece ella misma descubriendo y destruyendo a las brujas –personificadas en niños–; lo cual incrementó las estigmatizaciones de manera atroz y le dio más importancia a esta evangelista. Tal fue la importancia que adquirió que, cuando esta afirmó en su libro “Unveiling the mysteries of witchcraft” que los niños –siendo menores de dos años– que lloran y gritan en la noche y presentan algún malestar, son brujos, mucha gente le creyó (Documentaries, 2018). Pero tan rápido como les mostró el problema, les dio la solución al mismo: los exorcismos. De ahí que, los profetas no sólo obtienen las donaciones semanales de cada ceremonia religiosa, sino que piden una gran suma de dinero a las personas para “sacar el demonio” dentro de sus hijos –aproximadamente $556 (dólares) por sesión–.

 

Y aunque en algunas partes del país ya se hayan creado unas leyes en contra de esta estigmatización, Nigeria no tiene los recursos suficientes para implementarlas. De ahí que se necesite una ayuda internacional urgente; muchas organizaciones como Safe Child Africa ya están ayudando, pero no es suficiente. ¿Cómo vamos a permitir que niños tan pequeños vivan situaciones tan inhumanas? ¿Cómo se puede tolerar el hecho de que niños mueran por quemaduras de ácido, o terminen con daños cerebrales porque sus propios padres le enterraron un clavo en la cabeza? ¿Es todo esto justificable por un grupo de personas que ven a la religión como un negocio? Todos estos casos son devastadores y no se le puede restar importancia a la situación de los niños de Nigeria, sin importar que sea en otro continente, o que sea una realidad muy lejana a la nuestra. Estos son niños, son humanos, y sus vidas hay que protegerlos. Quizás somos nosotros los que debemos proteger al prójimo del diablo disfrazado de cordero.

 

Bibliografía:

  • Documentaries, R. T. (Dirección). (2018). Dispatches: Saving Africa’s Witch Children | Extreme Christianity Documentary | Documental [Película].
  • Hierro, L. (2018). Nigeria supera a India como país con más pobres extremos del mundo. Obtenido de El País.
  • Ellison, M. (2018). Branded and Beaten. Obtenido de BBC NEWS.
  • CIA. (2019). Nigeria. Obtenido de The World Factbook: https://www.cia.gov/library/publications/resources/the-world-factbook/geos/ni.html

 


María José Rodríguez
Undécimo C


 

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